El Bayardo: Ignacio Agramonte

Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba en Camagüey

May 2021
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  • Texto y fotos José Gilberto Valdés

    Un grupo de periodistas y otros trabajadores de los medios de prensa camagüeyanos recibieron este domingo la primera dosis de la vacuna “Abdala”, logro de la ciencia cubana en el enfrentamiento a la pandemia de la Covid-19.

    Todos agradecieron el esfuerzo de médicos, enfermeras y técnicos de la salud en el Hospital Provincial Oncológico María Curie, para llevar a cabo esta tarea que forma parte de la intervención sanitaria en la provincia.

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  • Por José Gilberto Valdés y Ernesto Pantaleón

    Pocos sucesos en la vida son originados por una sola causa; la conjunción de diferentes factores, entre los cuales ocupa un lugar no despreciable la casualidad, desencadenan a veces acontecimientos tan grandes que marcan una fecha, una época e incluso la historia de un país.

    Así ocurrió en un casi desconocido paraje de la campiña oriental cubana, aquel 19 de mayo de 1895, cuando el disparo de fusil de cualquier oscuro soldado español segó en Dos Ríos la vida de uno de los más grandes hijos de Nuestra América: José Martí.


    Elementos a tomar en cuenta para analizar aquel fatal desenlace, son entre otros la indiscutible entereza y fuerza de carácter de un hombre que consagró su vida al ideal libertario y a lograr la tan necesaria unidad de voluntades y acción.

    LECTURA RECOMENDADA: La trascendencia histórica de la muerte de José Martí. Reflexiones de Fidel Castro Ruz.
    http://www.fidelcastro.cu

    Un ser humano cuya honradez lo llevó a padecer incluso hambre y enfermedades, sin desviar un centavo de los que su verbo encendido recaudaba para la causa y que en modo alguno podía resignarse a ser mero espectador de un combate que ocurría a solo horas de haber recibido el grado de Mayor General.

    El ardor de un patriota que había sido capaz de los más altos sacrificios en pos de la independencia, y no menos importante: el ejemplo de tantos y tantos guerreros que olvidaban su condición de estrategas y jefes para para lanzarse una y otra vez en furiosas cargas contra un enemigo superior en armas y número.

    Durante los preparativos para la Guerra Necesaria, con fecunda pasión patriótica, Martí promovió la unidad de los veteranos mambises, que habían visto truncados sus deseos de independencia del yugo español, con las nuevas generaciones de cubanos fuera y dentro de la Mayor de las Antillas. “Los Pinos Nuevos con Los Pinos Viejos”.

    https://audiosdelsur.wordpress.com

    En la jornada anterior a su caída en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, entre  árboles y matorrales de una finca, José Martí escribía una carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, interpretada como un legado histórico del delegado del Partido Revolucionario Cubano –constituido en 1892– al reflejar el pensamiento político para lograr el alcance de los objetivos propuestos con la guerra por la independencia.

    «…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.»

    La “guerra necesaria y justa” que predicaba Martí para fundar una república “con todos y para el bien de todos” concluía de una manera abrupta en 1898, por la intervención de los Estados Unidos en la contienda tomando como pretexto el estallido del buque “Maine”, en el puerto de La Habana. Con esta maniobra, los yanquis secuestran los esfuerzos de los criollos por emanciparse de la dominación colonialista.

     Sin embargo, el fin de la doctrina martiana, forjada en los valores éticos, morales y éticos que habían forjado a la nacionalidad cubana, fue inspiración en la continuidad de la lucha.

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  • Por José Gilbero Valdés

    Los profesionales de la prensa en la provincia de Camagüey reflexionan en torno a la reciente declaración de la Unión de Periodistas de Cuba acerca de los ataques a medios de comunicación cubana

    El texto refiere que la organización social de los periodistas “sigue de cerca el accionar, en las últimas semanas, de personeros al servicio de la contrarrevolución, quienes han acosado, amenazado desde la virtualidad y también agredido físicamente, a profesionales de nuestra prensa.”


    La Upec —en reunión por videoconferencia de la Presidencia nacional ampliada a la que fue invitado el periodista Humberto López— acordó rechazar contundentemente este tipo de acciones que pretenden empañar el prestigio, la moral y el compromiso de los periodistas cubanos, quienes informan apegados a la verdad y siguiendo principios éticos irrenunciables.

    Una minoría anticubana en el sur de la Florida, y sus asalariados internos, desesperados por la verticalidad con la que son expuestos sus propósitos, busca callar a la prensa revolucionaria, sometiendo a sus profesionales al acoso y la intimidación y, adicionalmente, minar la confianza del pueblo cubano en su sistema de comunicación público.

    A diario somos testigos de los ataques en redes sociales a periodistas y profesionales de la comunicación. Estos hechos forman parte de programas anticubanos y sus maquinarias de intoxicación mediática, que gozan de millonarios presupuestos para desacreditar a quienes defienden la verdad de la Revolución.

    Ejemplo de las burdas manipulaciones a las que pretende someterse al pueblo cubano fue revelado hoy por la Unión de Juristas de Cuba, al desenmascarar la mentira con la que la ciudadana Yeilis Torres Cruz pretendió acreditarse ante la opinión pública nacional e internacional como ex fiscal y trabajadora del Tribunal Supremo Popular, cuando ni siquiera es graduada de Derecho. Otra mentira inflada y pagada desde Estados Unidos en función del espectáculo cotidiano al que pretenden someternos.

    Entre esos colegas agredidos está el periodista y presentador de la Televisión Cubana, Humberto López, al que apoyamos en su labor cotidiana de denuncias sobre el proceder de la contrarrevolución financiada desde Estados Unidos, con el objetivo de socavar el proyecto socialista de la nación.

    En Humberto y su familia, también atacada, habita la dignidad, el decoro y el prestigio de los profesionales de la prensa.

    Jorge Enrique Fuentes: “Nuestra Cuba cuenta con un ejército invencible de excelentes comunicadores. En este caso, deseo reconocer la brillante labor de un colega consagrado a la Revolución, que en la actualidad noquea como nunca a la contrarrevolución anticubana, y que a mi juicio es verdaderamente un campeón mediático.”

    Reynaldo Alonso:Un importante tema que la Unión de Juristas Camagüeyanos han propuesto como eje temático al Foro de Gobernanza de Internet Camagüey Yuldys Márquez Díaz

    Miozotis Fabelo Pinares: Contamos con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo para el ejercicio digno y libre del periodismo.

    Pedro Paneque Ruiz Suscribimos y apoyamos plenamente la declaración de nuestros juristas ante la nueva patraña contrarrevolucionaria

    No permitiremos ni agresiones, ni amenazas, y defenderemos la integridad física y moral de los miembros de la organización, en ejercicio legítimo de la libertad de prensa consagrada en la Constitución, las leyes y el espíritu institucional de la nación.

    Los profesionales de la comunicación no retrocederemos ni un milímetro en nuestra misión de que la verdad se abra paso. Contamos con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo para el ejercicio digno y libre del periodismo.

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  • Por José Gilberto Valdés

    Ignacio Agramonte Loynaz, “El Mayor”, ha sido inspiración de los camagüeyanos desde las guerras de independencia de la opresora bota de España hasta para las presentes generaciones, armados “Con la Vergüenza”, que enfrentan obstáculos exteriores como el genocida bloqueo económico de otro imperio y en el ámbito interno, cargan contra inercia para el bien de Cuba, de todo el pueblo que se enorgullece de tener el gentilicio de agramontinos.


    Tales razones acompañan hoy a la conmemoración del 148 aniversario de su caída en combate, víctima de su patriótica osadía mostrada en un centenar operaciones frente al ejército colonial, cuando el 11 de mayo de 1873, organizaba el combate a una columna de soldados españoles en los potreros de Jimaguayú, al sur de la entonces Villa de Santa María  del Puerto del Príncipe (Camagüey)

    El 11 de noviembre de 1868, Agramonte se había sumado al pequeño contingente de insurrectos camagüeyanos que en el ingenio “Oriente” respondían respondido  llamado  de Carlos Manuel de Céspedes, en “La Demajagüa”, el 10 de octubre. Antes de la fecha, el abogado de fuertes ideales independentistas  había cumplido clandestinamente otras misiones  organizativas de la Junta Revolucionaria y en la recolección de  armas.

    Siete días después tiene el bautismo de fuego de Agramonte cuando forma parte de la exitosa emboscada en Ceja de Bonilla, Minas, a un tren que se dirigía a Nuevitas con ochocientos soldados españoles y artillería.

    Salvador Cisneros Betancourt aclara:

    «…se portó Ignacio muy valiente y bien; en un principio rechazó a más de media docena de soldados que intentaron llegar hasta él, más habiendo sido herido levemente, su primo y concuño Eduardo (Agramonte Piña), muy al principio de la acción, dejó el campo para acompañarle y llevarle.»

    Durante su presencia en el campo insurrecto demostró dotes de dirigente político y jefe militar con una consecución de páginas de demostrada valentía e inteligencia en la formación de la caballería mambisa, cuyas cargas eran el terror de las tropas españolas; el enfrentamiento a seguidores de propuestas deshonestas de la metrópoli española; y su huella en la primera constitución de la República en Armas (1869)

    Su respeto por Céspedes, pese a las diferencias, fue siempre irrestricto; idolatrado el eterno amor por su Amalia (Amalia Simoni) en medio del fragor de la lucha; y arriesgado el rescate de Julio Sanguily, cuando al frente de una treintena de jinetes atacó a una columna española, casi cuatro veces superior en efectivos.

    En las acciones combatidas del 11 de mayo de 1873, contra fuerzas españolas de infantería, caballería y artillería en Jimaguayú, según expresa José Martí, el Mayor General Ignacio Agramonte se dispuso a morir para salvar a sus compañeros y ver luego de salvarse él. Murió en una escaramuza. Su cadáver fue ultrajado y dispersadas sus cenizas al viento.

    En una carta escrita a Amalia Simoni el 19 de noviembre 1872 señala:

    «En cuanto a mí, Amalia idolatrada, puedo asegurarte que jamás he vacilado un solo instante, a pesar de cuanto he tenido que sacrificar en lo relativo a mis más caras afecciones, ni he dudado nunca de que el éxito es la consecuencia preciosa de la firmeza de los propósitos y de una voluntad inquebrantable: sobre todo, cuando se apoyan en la justicia y en los derechos del pueblo».

    Así es el ejemplo imperecedero de “El Mayor”, ¡A sus órdenes!

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