El Bayardo: Ignacio Agramonte Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba en Camagüey
February 2020
M T W T F S S
« Jan    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
242526272829  

Archives

  • Un legado de la Revolución de José Martí

    Por Noel Manzanares Blanco
    José MartíSi alguien dejó en claro la razón de su entrega incondicional a la Patria, ese fue el Apóstol de la Libertad y la Prosperidad de cubanas y cubanos, quien escribió a su entrañable amigo mexicano Manuel Mercado el 18 de mayo de 1895, justamente unas horas antes de entrar a la eternidad:

    “[…] ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas […]”.

    Grosso modo, resalto que José Julián Martí Pérez examinó como nadie el porqué los Mambises no lograron sus propósitos luego de diez largos años de batallar contra el colonialismo español (10 de octubre de 1868-10 de febrero de 1878 —la última, fecha de la claudicación), y en correspondencia hacia 1882 estaba luchando por crear un partido que ante todo aglutinara a la generación fogueada en el enfrentamiento a la dominación y a la que ansiaba contribuir a la completa emancipación de Cuba.

    Esta temprana y sabia percepción acerca de una premisa indispensable para coronar la lucha revolucionaria, condujo al Maestro a colaborar con Máximo Gómez y Antonio Maceo en el Plan Insurreccional que esos experimentados compatriotas habían concebido para la Isla en 1884. Mas, su desacuerdo con la manera de encarar dicho Plan lo condujo a una etapa de tres años de “tristísimo silencio”.

    Después de sortear varios obstáculos, Martí edificó el Partido Revolucionario Cubano, proclamado el 10 de abril de 1892, precisamente el día del 24 cumpleaños de la Asamblea de Guáimaro, de la cuna de la República en el territorio nacional —sin obviar que el 14 del mes anterior era un hecho el periódico Patria, vocero de las ideas más avanzadas de entonces. ¡Como nunca se preparaban las condiciones subjetivas para la Revolución en el siglo XIX!

    En los dos años siguientes, el Mayor de los Cubanos recorrió diversas naciones de Nuestra América y ciudades de Norteamérica en función de aunar a los “Pinos Nuevos” y “Pinos Viejos”; al tiempo que acopiaba recursos para la “Guerra Necesaria”. De tal suerte, para mediados de 1894 incrementó los preparativos del Plan de la Fernandina (proyecto de alzamiento en Cuba), y el 8 de diciembre redactó y firmó, conjuntamente con los coroneles Mayía Rodrí¬guez (actuó a nombre de Máximo Gómez) y Enrique Collazo (fungió en representación de los patriotas de la Isla) la orden del levantamiento insurreccional.

    Sin embargo, una traición hizo abortar el Plan de marras y fueron confiscadas las embarcaciones llamadas a concretarlo. Pero el escenario emergió para develar una sui géneris vocación de lucha vs. las tragedias, por grandes que parecieran.

    Consta en carta del “7 de Enero de 1895/ Sr. José Dolores Poyo/ Poyo:/ Nos vamos a ver y entonces hablaremos. No tema de mí. Sé padecer y renovar. La cobardía, o más, de un hombre inepto, se nos clavó arrancada en la obra grande. Renaceremos. Nos rodean y ayudan hoy mayor respeto y mayor fe que nunca; no quiero hablar, ni podría, por la indignación y la tristeza. Léamele estas líneas a Serafín. Allá voy en cuanto asegure, o deba abandonar lo que aquí defiendo. ¿Me quiere todavía?/ Su/ José Martí”.

    Por el mismo estilo es la misiva de la cual anoto el fragmento que continúa:

    “Enero 17 [1895]/ Sr. Juan Gualberto Gómez/ Amigo queridísimo:/ No emplearé palabra innecesaria para las amargas noticias que tengo que comunicarle, y que el cable habrá en parte anticipado, así como mi última carta a Vd: y sustituiré el lamento inútil con la declaración de que renuevo inmediatamente, por distinto rumbo, la labor que la cobardía de un hombre ha asesinado. Ante todo, déjeme declarar a Vd., y en Vd. a todos nuestras amigos, de todas partes, que es mi primer pensamiento el de redimir a la Isla de toda obligación de sujetar sus movimientos a los que de afuera no han de cesar, y han de rematarse con fortuna, mas sin el derecho de impedir que el país surja por sí, y sin la traba de esta espera, si juiciosamente cree que en condiciones de éxito o mantenimiento de un plazo ya más dilatado, puede surgir sin nuestra conjunción. Ese es mi primer pensamiento. Ayudar, sí. Oprimir o encabezar a la fuerza, no. Lo que yo creo, luego lo diré aquí mismo. Pero antes sepa esa decisión fundamental”.

    Sobre esta base, el siguiente día 29 —ha transcurrido menos de un par de semanas— junto con los citados Mayía y Collazo, el Héroe Nacional de Cuba firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez. ¡¿Cómo, si no?! Así, el 24 de febrero de 1895 era tangible el reinicio de la Guerra de Liberación Nacional.

    Huelgan comentarios. Apenas significo: ¡¿Cuánto de trascendente hay en este legado de la Revolución de José Martí?! (Por Noel Manzanares Blanco / Profesor de la Universidad de Camagüey y Colaborador de tvcamaguey)

    Published on February 23, 2012 · Filed under: Camagüey, Cuba; Tagged as:
    Comments Off on Un legado de la Revolución de José Martí

Comments are closed.