El Bayardo: Ignacio Agramonte Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba en Camagüey
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  • El hombre que por corazón tenía una estrella

    Como cada 23 de diciembre, hombres y mujeres de todas las generaciones, rememoran el nacimiento de Ignacio Agramonte, con un sencillo acto en la Casa Natal (FOTO/Rodolfo Blanco)

    Por José Gilberto Valdés

    23 de diciembre de 1841. En la casa de tres niveles, perteneciente a  una familia acomodada económicamente,  marcada con el número cinco de la calle Soledad, en la Villa de Santa María de Puerto Príncipe — actual ciudad de Camagüey– hay un ajetreo inusual:  María Filomena Loynaz y Caballero está de parto. El padre, Ignacio Agramonte Sánchez, abogado que desempeñaba el cargo de regidor en el Ayuntamiento, aguarda por las buenas noticias.

    Aquel día, nadie se imaginaba el futuro de aquel joven de 26 años, que tras la terminación de su doctorado en derecho civil,  en La Habana, cuyo discurso final fue interpretado por muchos como una denuncia al régimen de opresión española al que estaba sometida la Isla.

    Del pensamiento progresista  a los hechos independentistas apenas hubo unos pasos;  dejó a un lado las bondades de posición económica próspera para colocarse al lado  de los hombres y mujeres que emprendieron la marcha por el  tortuoso camino en la formación de la nacionalidad cubana.

    Tras los telones de la logia masónica “Tínima”, desarrolla junto a un grupo de importantes hombres de bien las actividades revolucionarias con el fin hacerse invisibles a la vigilancia de las autoridades españolas.

    Apenas unos meses de su matrimonio con Amalia Simoni, otra hija ilustre de la villa Principeña, se suma al movimiento  insurreccional que tuvo su punto de partida el 10 de octubre de 1868, cuando el bayamés Carlos Manuel de Céspedes cambia la marcha de nuestra historia.

    Así, con 27 años de edad, se incorpora a la lucha armada. Memorable la enérgica actitud sostenida en noviembre frente a un grupo de vacilantes: “¡Acaben de una vez los cabildeos, las torpes dilaciones, las demandas que humillan: Cuba no tiene más camino que conquistar su redención, arrancándosela a España por la fuerza de las armas!”.

    Durante su presencia en el campo insurrecto demostró dotes de dirigente político y jefe militar con una consecución de páginas de demostrada valentía e inteligencia en la formación de la caballería mambisa, cuyas cargas eran el terror de las tropas españolas; su huella en la primera constitución de la República en Armas (1869); el eterno amor por su Amalia; y en hazañas como el arriesgado rescate de Julio Sanguily , cuando al frente de una treintena de jinetes atacó a una columna española, casi cuatro veces superior en efectivos.

    “Era como si por donde los hombres tienen corazón tuviera él estrella”.  Esta es una de las múltiples descripciones  con las cuales el Héroe Nacional José Martí  evoca la imagen de Ignacio Agramonte Loynaz aún no pudo tener vivencias personales acerca de epónimo patriota quien alcanzó en los sabanas de Camagüey –en la región oriental de la Isla– los grados de Mayor General del Ejército Libertador.

    El 11 de mayo de 1871, “El Mayor” como referían sus hermanos de lucha cae en combate contra fuerzas españolas en el portero de Jimaguayú. Su cadáver quedó en manos del enemigo y fue trasladado al hospital “San Juan de Dios” en Puerto Príncipe. Posteriormente, llevado al cementerio, en cuyo lugar fue incinerado, como si con esa acción cobarde pudiera destruirse el ejemplo de valor e intransigencia revolucionaria del combatiente que abandonó afectos, comodidades y riquezas, para entregarse por completo a sus Patria.

     

     

    FUENTES

    Héroe sin tacha. Blog El Lugareño, del autor

    Síntesis biográfica de Ignacio Agramonte Loynaz. Cuba Educa. http://historia.cubaeduca.cu/ignacio-agramonte

     

     

    Published on diciembre 23, 2019 · Filed under: Camagüey;
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