El Bayardo: Ignacio Agramonte Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba en Camagüey
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  • Como aquel día grande en la Historia de Cuba

    Por José Gilberto Valdés

    Con los antecedentes de fechas como el 10 de octubre de 1868 (Guerra de los Diez Años) y   el 24 de febrero 1895 (Guerra de Independencia), cuando los cubanos se negaron a continuar bajo la bota del colonialista español, los asaltos a los cuarteles “Guillermón Moncada”, en la ciudad Santiago de Cuba, y “Carlos Manuel de Céspedes” en Bayamo, el 26 de Julio de 1953, constituyeron un renacer de la lucha contra la explotación, atropellos, hambre, miseria y desigualdad social.

    El nuevo hito transformador de la Historia de Cuba volvió a demostrar que el camino de las armas era el único para derrocar a la tiranía de Fulgencio Batista, quien había usurpado el poder del gobierno constitucional, tras el golpe de estado el 10 de marzo de 1952.

    Desde meses anteriores al 26 de Julio, el trabajo clandestino revolucionario se hacía cada vez más intenso en el occidente de la Isla  con el fin de seleccionar  entre un millar de voluntarios a los 120 futuros asaltantes al cuartel Moncada –la segunda fortaleza del país que albergaba  1 500 hombres-  y el grupo de 40 que atacaría el de Bayamo,  encargado de asegurar la retaguardia ante el posible contraataque del enemigo.

    El máximo líder del movimiento revolucionario, Fidel Castro Ruz, rememora los objetivos ese levantamiento armado:

    “El Moncada pudo haber sido tomado, y si hubiéramos tomado el Moncada derrocamos a Batista, sin discusión alguna. Nos habríamos apoderado de algunos miles de armas. Sorpresa total, sumada a la astucia y el engaño al enemigo. Todos fuimos vestidos de sargentos, simulando el antecedente del golpe de los sargentos, dirigido precisamente por Batista, en el año 1933 (…)En Santiago de Cuba les hubiera llevado horas reponerse del caos y la confusión que se generaría en sus filas, dándonos tiempo para los pasos subsiguientes”. (Ramonet, Cien Horas con Fidel)


    En absoluto secreto, en La Habana se confeccionaban una parte de los uniformes similares a los del ejército y también se compraban alguna ropa de ese tipo con la excusa de que era para trabajadores del campo. También se adquirían en armerías las escopetas y fusiles de caza, con las cuales se enfrentarían al armamento grueso calibre del cuartel. Todo el dinero empleado para estos fines procedía de los bolsillos de los propios combatientes, que hicieron sacrificios incalculables para contribuir a la lucha.

    Prácticamente horas antes del ataque a los bastiones militares de la tiranía, los revolucionarios arriban a Bayamo y Santiago de Cuba. Allí conocen la misión.

    Sobre las acciones llevadas a cabo por las fuerzas revolucionarias para tomar al cuartel Moncada, Fidel destaca:

    “A las 5:15 exactamente atacamos, porque a esa hora los soldados tenían que estar durmiendo y debía ser antes de que se levantaran. (…)El primer carro se detiene al llegar al objetivo, se bajan los hombres rápidamente para neutralizar a los centinelas y quitarles las armas. (…) La presencia de esa patrulla cosaca, originada al parecer por los carnavales,  era algo que desconocíamos y, por su proximidad a la posta de la entrada, nos creó graves trastornos. (…) El tiroteo se generaliza. Las sirenas de alarma comienzan a rugir mezcladas con los disparos y a emitir infernal e incesante ruido. (…) El combate se libra fuera del cuartel, la enorme y decisiva ventaja de la sorpresa se había perdido.(…) El cuartel podía haber sido tomado con el plan elaborado. Si fuera a hacer de nuevo un plan para una misión como aquélla, lo haría exactamente igual. (Ramonet, Cien Horas con Fidel)

    A pesar de la impecable preparación, el elemento casualidad frustró el factor sorpresa, única ventaja desde el punto de vista militar, contra fuerzas y medios muy superiores, con la que contaban los jóvenes asaltantes. Fidel, ante la difícil situación, no tuvo otra alternativa que dar la orden de retirada. Después del asalto, los esbirros del tirano, cumpliendo sus órdenes de matar a diez revolucionarios por cada soldado muerto en combate, se dieron un baño de sangre con los asaltantes prisioneros.

    Excepcional testimonio de Fidel sobre el asalto al cuartel Moncada https://youtu.be/PrRBqYC-NXY

    El Moncada significó, sin dudas, la semilla de un gran roble que creció tras la prisión fecunda de los sobrevivientes, el desembarco de los expedicionarios del yate Granma, la lucha en la Sierra Maestra en el oriente de la Isla y el avance victorioso del Ejército Rebelde hacia la capital, que culminó con la derrota de Batista, quien huyó en la madrugada del Primero de Enero de 1959.

    Las ideas de los hombres y mujeres que marcharon a vencer o morir hace sesenta y siete julios se han multiplicado por cinco, por diez. Generaciones de cubanos hemos aprendidos a enfrentar `posteriores momentos históricos, como la actual pandemia del Covid, inspirados en esa frase del Concepto de Revolución: “…es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo;…”

    Aquí estamos hoy, como aquel  día grande en la Historia de Cuba

    Published on July 20, 2020 · Filed under: Camagüey;
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